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La barbotina y el papel de los electrolitos
Una barbotina de colada es una suspensión de arcilla en agua que debe cumplir dos condiciones difíciles de conciliar: llevar la mayor cantidad posible de sólidos y, aun así, fluir bien. Si simplemente se añade agua hasta que la pasta corre, el resultado es una mezcla pobre en materia, que forma pared con lentitud, encoge en exceso y obliga al molde a absorber muchísima más agua de la necesaria. La solución habitual es reducir el agua y añadir un defloculante.
Los electrolitos que se emplean —silicato sódico, carbonato sódico, poliacrilatos y sus combinaciones— actúan sobre la carga superficial de las partículas de arcilla. Al modificar esa carga, las láminas dejan de atraerse entre sí y se repelen, de modo que la suspensión se vuelve fluida con mucho menos agua. Es un cambio de comportamiento reológico, no una dilución: la densidad se mantiene alta mientras la masa corre.
Cómo se dosifica sin pasarse
La cantidad de defloculante es pequeña, normalmente por debajo del uno por ciento sobre el peso seco, y la curva de respuesta no es lineal. Al principio, cada adición reduce claramente la viscosidad; a partir del punto óptimo, la barbotina vuelve a espesar y aparecen problemas nuevos: piezas que se pegan al molde, superficies grasas, moldes que se saturan de sales. Por eso conviene añadir en varias veces, con la mezcla en movimiento, y esperar unos minutos antes de volver a medir.
- Preparar el electrolito disuelto en agua, nunca en polvo o concentrado directamente sobre la masa.
- Añadir en dosis pequeñas y anotar cada adición junto con la medida de fluidez.
- Dejar la barbotina en reposo o en agitación lenta durante unas horas antes de colar; los ajustes se estabilizan con el tiempo.
- Tamizar la mezcla antes de usarla para retirar grumos y restos secos.
- Registrar el agua de la arcilla, la calidad del agua de red y la temperatura, porque los tres alteran la respuesta al defloculante.
Cuando una barbotina que funcionaba bien empieza a comportarse mal sin motivo aparente, casi siempre hay una explicación material: un lote nuevo de arcilla, restos de piezas devueltas al cubo con humedad distinta, agua más dura o simplemente un cambio de estación en el taller.